p.o.p.

 
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Venezuela tiene una larga historia de bandas metaleras, por lo que solo era cuestión de tiempo antes que la segunda ola del metal llegara al país. Bastante tarde, como todo lo que llega a estas tierras, pero en buena forma como lo demuestra p.o.p., el disco debut de Candy66. 

P.o.p. no fue el primer proyecto de metal alternativo en el país, pero el excelente híbrido presente en este disco hizo buen uso de un sonido que, a pesar de estar casi de salida fuera de nuestras fronteras, era necesario para sacudir las cosas a nivel local.

Tras una década dominada por rock alternativo y rancio post-punk, prog-rock y fusiones de ska y otras tropicalidades, p.o.p. tuvo un efecto oxigenante en una movida caraqueña pegada en la nota de principios de los años 1990. Lo cual no significa que lo que se hacía era de manera alguna desdeñable, solo que no se veía progreso en medio propuestas rock y pop sin mayor diversidad ideológica.

Esto se hizo evidente cuando Candy66 sorpresivamente empató el Premio Nuevas Bandas 2000, concurso que, con todas sus virtudes, tiende a ensalzar un pop desfasado política y musicalmente. Que Candy66 todavía exista mientras que a la banda co-ganadora apenas se le recuerde, es testimonio de que la escena local estaba lista para proyectos que sonaran como los tiempos que se vivían. Y en el 2000 nada sonaba más a la realidad de Venezuela que el agresivo sonido semi industrial, sincopado y sombrío del Nu Metal.

Una apuesta arriesgada, considerando que el metal en todos sus tipos había sido despreciado en el país por al menos una década. Pero la energía e ingenuidad del ensamble que Oliveira organizó para canalizar su visión y drenar frustraciones, fácilmente encontró una audiencia durante la incertidumbre que se vivía al momento de la edición del disco.

Si bien las crípticas letras del disco no ofrecen mucho, están tan llenas de confusión y paranoia que es fácil trazar un paralelo con la psique venezolana de finales de siglo. Y es que el público venezolano no solo estaba lidiando con la angustia global del nuevo milenio, en el país se fraguaba una verdadera guerra civil que llevaba años en pre-producción. Tanto artistas como audiencias como productoras enfrentaron estas circunstancias con escapismo pop, pero esta ilusión no duraría para siempre. Tras años de descargar a punta de bailoteos y puñetazos en las plazas del país, el público finalmente encontró una vía de escape a un presente y un futuro incierto entre los gruñidos y la casi siempre inentendible voz de Oliveira. Cosa esta última que no afecta al disco en lo absoluto.

Y esto no es porque las letras de Oliveira no tengan importancia, no son esenciales porque sus bien colocados e hipnóticos coros son suficientes para establecer la atmósfera ideal para expresarse. Por esto p.o.p. no es ninguna maravilla lírica, pero lo que a Oliveira le falta de poeta le sobra en destreza como productor. En p.o.p. le hubiera sido muy fácil conformarse con servir temas autoflagelantes o de protesta barata. En vez de eso, el enfoque es en la ejecución. Es fácil identificarse con la cotidianidad lírica del disco, pero su mayor fortaleza es dejar la catarsis a la típica ejecución lúgubre y visceral del Nu Metal, que de alguna manera refleja perfectamente los temores de esos días.

Lamentablemente, aparte de Arco y Madre, las otras de las canciones en el disco no son lo suficientemente memorables como para tan siquiera recordar sus títulos (aparte del obviamente titulado Tema I, por supuesto), pero un disco no está a obligado a ser una colección de éxitos radiales para convertirse en un clásico. Pulgar, Morantes y Oliveira mantienen las cosas interesantes rellenando cuanto hueco encuentran en la ráfaga de voces con las que el mismo Oliveira castiga al micrófono. Por su lado Alejandro Martínez y el otro Morantes hacen lo suyo marcando el pulso de la banda con notable puntualidad. 

A medida que el disco avanza los temas de desilución, pesimismo y rabia pueden volverse un poco monótonos para algunos, pero estas emociones son formas de expresión tan válidas como la alegría, el optimismo y el amor que rellena discos de los que nadie se queja. Quien esté buscando eso en este disco está buscando en el lugar equivocado. Todo lo que tiene que escuchar es la mágnifica arpa del intro desvanecerse caóticamente entre gritos aterradores para saber si este álbum le va a caer bien.

En una nota aparte, p.o.p. se hubiera beneficiado en mucho de una producción más despótica y, por ponerlo de alguna manera, profesional. El proceso de grabación del disco excusa sus debilidades técnicas pero ni siquiera un remasterizado corporativo lo pulió mucho. Este disco es tan garage como le es posible serlo.

Canciones en esta compilación